Hay actos que no solo se presentan. Se habitan.
Hoy he tenido la oportunidad de conducir la jornada “Experiencias y soluciones para el empleo que viene: el modelo andaluz”, un espacio de diálogo que, más allá de las intervenciones institucionales, dejó algo más interesante: preguntas abiertas.
Porque si algo quedó claro es que el empleo ya no es una categoría estable. Está en mutación constante. Digitalización, inteligencia artificial, nuevos modelos organizativos… todo eso ya no es futuro, es presente. Y, sin embargo, seguimos intentando entenderlo con marcos que a veces se quedan cortos.
Durante la jornada escuchamos distintas voces: administración, empresa, tecnología, profesionales, intentando encajar ese puzzle. Desde las políticas públicas hasta las necesidades reales del tejido empresarial. Desde la formación hasta la empleabilidad. Desde la promesa de la innovación hasta sus límites.
Y ahí, en medio, estaba mi papel: no solo dar paso a quienes intervenían, sino tejer un relato que conectara todas esas miradas. Confieso que lo más interesante no fueron las respuestas, sino las tensiones:
- ¿Estamos formando para el empleo que viene o para el que ya se está yendo?
- ¿La tecnología está generando oportunidades o ampliando brechas?
- ¿Las instituciones están liderando el cambio o reaccionando a él?
La mesa de debate fue especialmente reveladora. Se habló de talento digital, de recualificación, de emprendimiento, de relaciones laborales en transformación. Pero, sobre todo, se habló de algo que a veces olvidamos: que el empleo no es solo economía, es también cohesión social, proyecto de vida y sentido.
Y quizá ahí está la clave: No se trata solo de anticipar qué trabajos existirán, sino de preguntarnos qué tipo de sociedad queremos construir a través de ellos.
Os dejo el vídeo de la jornada. Merece la pena escucharlo con calma.
