Lo que dicen los carteles electorales más allá de los eslóganes

La campaña electoral andaluza no solo se libra en los debates, los mítines o las entrevistas. También se juega en algo aparentemente mucho más simple: un cartel. Una fotografía, una tipografía, una mirada, un color o incluso la dirección del cuerpo de un candidato pueden transmitir liderazgo, cercanía, autoridad o empatía antes de que la ciudadanía llegue siquiera a leer un eslogan.

Estos días he participado junto a la profesora Laura Teruel Rodríguez en un análisis sobre lenguaje no verbal y comunicación política publicado en distintos medios a partir de un reportaje elaborado por Salva Ruiz para EFE. En ellos abordamos cómo los principales partidos políticos han diseñado visualmente sus carteles para las elecciones andaluzas y qué mensajes intentan proyectar a través de ellos.

Uno de los aspectos más llamativos de esta campaña es la fuerte personalización de algunas candidaturas. En el caso de Juan Manuel Moreno Bonilla, observamos una estrategia claramente presidencialista, donde el protagonismo absoluto recae sobre la figura del líder. La composición visual, la elección de la imagen y el lenguaje corporal buscan reforzar una idea de estabilidad institucional y continuidad. Frente a ello, la campaña de María Jesús Montero sitúa el foco en cuestiones vinculadas a los servicios públicos, especialmente la sanidad, intentando conectar emocionalmente con preocupaciones cotidianas del electorado.

Pero lo interesante de este tipo de análisis es que permite comprender que la comunicación política nunca es neutra ni improvisada. Cada elemento está pensado estratégicamente. La altura de la cámara puede transmitir poder o cercanía. Una sonrisa excesivamente rígida puede generar desconfianza. Los fondos blancos suelen asociarse a limpieza o renovación, mientras que determinados colores activan asociaciones emocionales muy concretas. Incluso el espacio vacío dentro de un cartel comunica.

Además, en un ecosistema mediático dominado por redes sociales y consumo acelerado de imágenes, los partidos necesitan generar impactos visuales inmediatos. El cartel electoral ya no es únicamente una pieza para colocar en una farola o una valla publicitaria; ahora debe funcionar también como contenido digital compartible en Instagram, X o WhatsApp. Eso obliga a simplificar mensajes y potenciar símbolos fácilmente reconocibles.

Este tipo de análisis resulta especialmente relevante en un momento en el que la comunicación política está cada vez más influida por dinámicas de marketing, branding personal y construcción emocional del liderazgo. La política contemporánea no solo busca convencer con propuestas, sino también conectar visualmente con la ciudadanía.

Podéis leer los análisis completos aquí:

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