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Tengo la impresión de que la crisis de determinados sectores se ha convertido, como la cuesta de enero -¿quién puede afirmar su existencia ante el frenesí consumista de las rebajas…?-, en un tópico obsoleto y sin sentido, una suerte de lamento con el que se pretende justificar lo que, ciertamente, existe tras tales pronunciamientos: la ambición de ganar aún más, si cabe (que siempre cabe, me temo…).
En todo caso, lo de la introducción de la música a través de tonos de móvil me parece una subversión demasiado fuerte de lo que podríamos considerar “adaptación de la obra artística al soporte técnico”: por mucho que se depuren la polifonía, multifonía y todas las x-fonías que podamos imaginar, lo que se está haciendo, al fin y a la postre, es adulterar la obra original -claro, que igual no es un plato de lentejas, ni mucho menos, la contrapartida económica, sino algo mucho más sustancioso…-.
Saludos cordiales.